Mentiras Verdaderas

Monday, April 23, 2007

Entre vestidos y demonios ...


Bajo aquel vestido gris, y apenas pasando desapercibido, se escondía el mejor cuerpo que aquel hombre había visto en su vida.
Una mujer de negra cabellera, dueña de unos ojos almendrados de profundo mirar y
una sonrisa que oculta más de algún secretillo, camina despreocupada.
Él, que caía ya en el borde de la descortesía, la miraba fijamente mientras aspiraba la última bocanada del humo de su cigarrillo.
Ella, al sentirse observada, giro su cabeza y su pelo pareció bailar con la brisa primaveral que corría lentamente aquella noche.
Él impactado parecía flotar mientras ella le sonreía y le guiñaba un ojo. Instintivamente soltó su cigarrillo y corrió a encararla .
Ella, que sabia de antemano el efecto de su actitud, siguió su camino con un paso un poco más lento, como esperando un desenlace conocido.
Él, la alcanza y le toca el hombro, tartamudeando dice: Disculpa, es que yo .. cuando tu ibas caminando ... y yo ... y bueno te diste vuelta ... y pensé ...
-Lo sé- dice ella y sonriéndole tiernamente.
-Es que tu y ese vestido, más el humo de mi cigarrillo.... y es que ya escucho ese bandoleón y a un triste argentino cantándonos un tango .. solo para nosotros ... solo para que tu y yo (y mi cigarro y tu vestido) ....
-Acepto - interrumpió ella.
Y de la mano se fueron caminando, con una complicidad que solo ellos dos podrían entender más no podrían fácilmente explicar, por aquella húmeda avenida.
Llegamos – dijo él- mientras empujaba una pesada puerta ....
(Te reís!... Pero solo vos me ves:
Porque los maniquíes me guiñan,
los semáforos me dan tres luces celestes
y las naranjas del frutero de la esquina
me tiran azahares....)
-Ahh!, Una balada para un loco, Me encanta ese tango – dijo ella
-Casi tan loco como lo que me está pasando hoy – respondió él – y rieron al unísono.
Al momento de entrar el vestido gris comenzó a hacer su trabajo y con tal buen cometido que el pobre viejo argentino que cantaba el tango olvido un poco la letra, balbuceo algo, pero casi nadie lo notó.
Se sentaron en la primera mesa que vieron, una justo al frente del escenario, el pidió dos tragos y comenzó la conversación:
Y bueno, porque andas vestida así?
La verdad, es que iba a un matrimonio y mi pareja, el estúpido ese, después de que yo había pasado una semana recorriendo locales y haciendo todo lo humanamente posible para verme bonita para el, ese estúpido, no me dijo nada, es más, creo que ni le importó y claro yo me enojé y lo mande al carajo.
Pobre hombre – dijo el – y acercándosele al oído, luego de oler su dulce perfume, pronunció:
-Para mi eres una princesa...(pronunció también otra frase pero que sólo ella pudo escuchar) - luego se alejo lentamente y levantando la copa brindó a su salud.
El bandoleón cada ves mas triste y mas inspirado los insito a bailar.
Ella salió a bailar envuelta en adrenalina con un código de tango, sin libros y sin escuela, mientras él con una pose firme y rígida aportaba el resto de sensualidad a aquel acto encubierto en un 1 2 3 .. 1 2 ..
Él, sonrió y casi sin creerla pronunció: - Me siento como si fuera parte de un cuento, de uno de los buenos-
- Puede ser – respondió ella.
Y se perdieron entre el humo, el bandoleón, el viejo argentino, la gente, el humo....entre vestidos y demonios.